Buda y el papel

12 de febrero, 2006. Querido diario, en el año 1900, el abad Wang Yuan-lu descubrió, en la ciudad amurallada de Dunhuang (situada en la llamada Ruta de la Seda, que conectaba a China con el mundo occidental), una cueva en la que cientos de manuscritos habían permanecido ocultos más de ochocientos cincuenta años.


Entre unos 10 mil documentos y pinturas sobre seda, se encontraba la Sutra del Diamante. Formada por siete tiras de papel unidas que miden en total poco más de cinco metros de largo por 27 centímetros de ancho, está fechada en el año 868, por lo que es el libro impreso más antiguo del que tengamos conocimiento. Aún memorizado y entonado hoy en monasterios budistas, pertenece al tipo de textos que enseñan a evitar el apego extremo a los conceptos. Su mensaje, de hecho, consiste en que ninguno es sagrado. Supongo que esto abarca, por ejemplo, el concepto mismo de papel.

Menciono aquí este libro, impreso quinientos ochenta y siete años antes de la Biblia de Gutemberg, porque me encuentro llena de una nostalgia que, de acuerdo con las enseñanzas Buda, no debería ser.

En plena vanguardia tecnológica y para gran regocijo de los árboles, hace un par de semanas nos mudamos a una ââ,¬Å"oficina sin papelââ,¬Â. Sin espacios para archivar, tuve que decir adiós a varias nociones bien arraigadas en mí, entre ellas la importancia de los recortes de prensa que durante años guardé cuidadosamente en carpetas de argollas o de los interesantísimos artículos que archivé en folders de papel manila. Ya en decidido rumbo hacia la digitalización de todo, también me tuve que deshacer de las perforadoras que permitían a los papeles acomodarse en las carpetas y folders; las engrapadoras que unían los textos ordenadamente; los clips, para uniones menos permanentes de papel; la cinta adhesiva; las agendas donde anotaba mis ires y venires; decenas de revistas que alguna vez me propuse leer.

Toda proporción guardada, era yo como aquel personaje desconocido que escondió en las llamadas Cuevas de los Mil Budas de Dunhuang miles de rollos y pinturas budistas... cuando precisamente lo que predicaba Buda es el desapego.

Buda, personaje admirable, desde luego tenía razón. Dado que tanto nuestro ser individual como el mundo mismo son inconstantes y no permanecen intactos, el desear y aferrarnos a las cosas (y a las personas) nos hace sufrir. Al hacer limpieza de mi oficina vi que no sólo debía tirar una gran cantidad de papel, sino que incluso hijos más recientes de la Era de la Información sólo estorbaban, como videos en formato VHS, hoy historia antigua; diskettes de tres pulgadas y media, reemplazados ya por los CDs, que están siendo desplazados, a su vez, por los dispositivos de almacenamiento de información USB.

No sabemos quién ocultó en el siglo IX, en las Cuevas de los Mil Budas, aquel tesoro de documentos y pinturas, la mayoría referentes a temas budistas, pero sí que, en marzo de 1907, una expedición británica compró todo aquel tesoro documental por sólo 130 libras esterlinas.

Hoy, la Sutra del Diamante puede ser admirada en el Museo Británico. Al respecto, un texto que se encuentra en la Biblioteca de Beijing dice, con todo deseo y apego por las cosas de este mundo: ââ,¬Å"El famoso rollo fue robado por el inglés Sir Aurel Stein hace más de cincuenta años, lo que hace a la gente rechinar los dientes en amargo odioââ,¬Â.