Del Reloj del Largo Ahora y el tiempo que no fluye

Abril 3, 2006. Me entero en una revista científica que un equipo de futuristas e ingenieros está diseñando en un pequeño taller de San Rafael, California, un reloj mecánico concebido para funcionar durante mil décadas. Se llamará El Reloj del Largo Ahora. Por otra parte, la NASA ha comisionado un cronómetro atómico para su estación espacial. Éste será el reloj más exacto jamás hecho, tan fiel que no se desviará ni un segundo en 300 millones de años.

Estos impresionantes esfuerzos cronométricos revelan, por una parte, nuestra risible pretensión de permanencia; por otra, la importancia que ha adquirido la minuciosa medición del tiempo en el "ahora perpetuo que ha creado Internet. Hoy todo parece darse "en tiempo real, es decir, "ya... lo cual me agobia terriblemente, dado que soy una persona medievalmente pausada y muy zen.

Por ello, me emociona leer que, pese a la exactitud de los relojes atómicos, nadie aún ha podido probar qué es el tiempo y si este fluye, y que la llamada "flecha temporal no vuela. Por el contrario, las últimas noticias de la física son que el correr mismo del tiempo es ilusorio. Como dice Paul Davies, autor del artículo "Ese flujo misterioso, que leo con premura antes de llegar al trabajo: "En realidad no observamos el paso del tiempo. Lo que vemos es cómo estados posteriores del mundo difieren de estados previos que aún recordamos.

Como señaló Einstein, "el pasado, el presente y el futuro sólo son sólo ilusiones, aunque bien testarudas. O dicho de forma más poética por T. S. Eliot: "El tiempo presente y el tiempo pasado están quizá ambos presentes en el tiempo futuro, y el tiempo futuro contenido en el tiempo pasado.

En fin, fluya o no el tiempo, se acabe de construir o no en California aquel Reloj del Largo Ahora, me dio pena enterarme ayer de la muerte --y vaya que ésta parece un proceso irreversible-- del Dr. James Schwartz. Amaba las monedas antiguas, sobre todo las acuñadas por los vándalos en el norte de Ã?frica en el siglo quinto, (prefería la época cuando los romanos chocaban con las civilizaciones "bárbaras). Estudiaba también gemas y amuletos, en particular egipcios, de los siglos dos al cuatro, muchos de los cuales se creía poseían propiedades mágicas o curativas (siglos de ciencia y tecnología no han cambiado mucho a la humanidad en ese aspecto).

Sin embargo, el Dr. Schwartz buscaba no sólo entender el pasado --simbolizado en las monedas y medallas que gustaba describir--, sino cómo lo recordamos, y fue pionero en el estudio de la química neuronal que permite el almacenamiento de la memoria. De forma distinta de Sigmund Freud, quien también coleccionaba piezas de culturas antiguas, Schwartz estudió el comportamiento humano, pero a partir de los interruptores electroquímicos en el cerebro que cambian las funciones de los circuitos neuronales. Tenía 73 años cuando murió este 23 de marzo, de complicaciones con la leucemia.

En fin, aun si todo es efímero (y para muestra basta un botón: la semana pasada murió la tortuga gigante Addwaitya, con 250 años de edad el animal más viejo del que tuviéramos conocimiento), subiré esta columna a mi blog personal. Los cibernautas podrán encontrarla en la liga www.lavidaenbytes.com, y los comentarios serán muy bienvenidos.