Acerca de la importancia de llamarse Bill Gates y la responsabilidad social de las empresas

Hace unas semanas una colega del trabajo me envío un mensaje por correo electrónico con una oferta atractiva y sorpresiva. Había conseguido un boleto para asistir a una plática con Bill Gates Jr. en uno de los auditorios de nuestra universidad. En el mensaje, mi colega explicaba que tenía que realizar un viaje de última hora, que no quería desperdiciar el boleto y que pensó que podría interesarme. La plática se realizaría tan sólo dos días más tarde y yo estaba algo apurado con los pendientes de siempre en el trabajo pero, luego de unos minutos reflexión, llegué a la conclusión de que ver y escuchar a Bill Gates en persona era una oportunidad fantástica. "Es uno de los símbolos de nuestro tiempo, uno de los hombres más ricos del mundo, si no el que más" me dije a mí mismo y decidí aceptar la oferta.


Dos días más tarde, recogí el boleto ofrecido y llegué al auditorio indicado con cierta antelación. Ciertamente las medidas de seguridad no eran demasiadas pero sí muy evidentes. Personajes altos, corpulentos y de trajes oscuros circulaban por todo el edificio y, a la entrada del auditorio, varios de ellos inspeccionaban los bolsos, bultos y mochilas de los asistentes y realizaban la clásica revisión con el detector de metales. Hasta aquí todo fue muy bien para mí, pues sólo llevaba mi libreta de apuntes, así que mi paso por el control de seguridad fue bastante breve. Al pasar por la puerta del auditorio y avanzar por entre los asientos me sentí increíblemente afortunado, pues se me había asignado un asiento muy bueno, en tercera fila y en el centro, francamente no creía que hubiese un lugar que ofreciera mejor perspectiva. Tomé asiento y respiré profundo, me sentía muy animado y me divertía pensando acerca de lo que podría escribir en ContactForum acerca de este momento. Se respiraba un ambiente jovial, entusiasta, todos los que estábamos ahí estábamos bastante emocionados, o al menos eso era lo que yo percibía.
En fin, que el auditorio en cuestión se fue llenando poco a poco y luego de algunos minutos, a la hora pactada, a las 10 de la mañana en punto, Howard Davies, director de la LSE, apareció por una de las esquinas del escenario acompañado por un hombre de edad avanzada. La comitiva la completaba un par de elementos de seguridad que los seguían a una distancia prudente. Ambos personajes avanzaron hasta sentarse en los lugares situados al centro del escenario. Al ver esto pensé: "Y bueno, tratándose de Bill Gates, algún decano de la universidad querrá decir algunas palabras, es por eso que este hombre ha venido también, o quizá se trata de algún miembro del Board of Directors de la escuela, porque la ocasión es especial... pero... ¿y dónde está Bill Gates?"
Pues bien, mi sorpresa fue mayúscula cuando Howard Davies inició la plática diciendo algo más o menos así: "Quiero dar la bienvenida a nuestro muy distinguido invitado esta mañana, tengo el placer de presentarles a Bill Gates Jr." De repente me di cuenta de lo que estaba pasando en realidad pues el hombre mayor frente a todos nosotros era, efectivamente, Bill Gates, pero no era ni el primero, ni el tercero... era el segundo, es decir, ¡el padre del famoso Bill Gates III, el fundador de Microsoft! De manera casi automática empecé a buscar mi boleto entre las bolsas de mi saco, lo hallé y lo llevé frente a mis ojos. Efectivamente, ahí estaba el nombre completito y con la terminación 'Jr.' que, confieso, me había causado cierto tipo de extrañamiento que en su momento no supe identificar. En fin, debo confesar que en ese instante me consolé pensando que a más de uno en el auditorio debió pasarle lo mismo que a mí. Peor aún, llegué a pensar, maliciosamente claro, que mi colega en realidad no se había ido de viaje sino que, luego de luchar por conseguir el boleto había caído en la cuenta de que este no era el Bill Gates 'famoso', así que me había tirado el anzuelo a mí y yo había picado como un incauto. Después de todas estas tribulaciones mentales y luego de comprobar que sería absolutamente imposible abandonar el auditorio (porque por razones de seguridad no se permitía ni la salida ni la entrada de personas una vez iniciado el evento) pensé que la cosa no estaba tan mal. En última instancia, se podría decir que hay dos personas fundamentalmente responsables de que Bill Gates exista: su padre y su madre. Y yo tenía al primero de ellos enfrente. Así que bueno, a relajarse y poner atención.
A partir de este momento debo reconocer que, después del desencanto inicial generado por mi confusión, la plática se fue convirtiendo en un evento bastante ameno. Bill Gates Jr. es abogado y una persona interesante en varios aspectos. Sin embargo, buena parte de la conversación y de las preguntas del público fueron acerca de la evolución y los primeros años de su famoso hijo. La gente parecía, quizá por obvias razones, obsesionada con encontrar la receta, el secreto fundamental detrás del éxito de Bill Gates III. Las respuestas del padre de Bill Gates no fueron, muy a pesar de lo que la gente esperaba, nada del otro mundo ni cosas que no se supieran ya sobre su célebre vástago. Bill Gates Jr. reconoció que su hijo siempre le pareció un individuo normal, que parecía obsesionado con esos aparatos raros (para la época) llamados computadoras y con los programas que los hacían funcionar, sí, pero no en mayor medida que muchos otros jóvenes de su edad por aquel entonces. No obstante, el Sr. Gates reconoció que las cosas empezaron a ponerse realmente 'feas' cuando su hijo decidió abandonar la universidad; y no lo hizo una, sino dos veces. El Sr. Gates comentó cómo, cuando su hijo abandonó Harvard por primera vez, se puso algo nervioso pensando que el joven podría estar tirando por la borda un buen futuro. Pero se consoló ligeramente cuando su hijo le prometió volver y efectivamente lo hizo unos meses más tarde. Bill hijo volvió a Cambridge, Massachusetts, pero prácticamente sólo para recoger sus cosas del dormitorio estudiantil y mudarse a otro estado para dedicarse por completo a sus proyectos. El Sr. Gates recuerda que en esos momentos él y su esposa se encontraban muy preocupados pensando que este segundo abandono escolar sería definitivo y con fuertes consecuencias para su hijo. De hecho, tenían razón, Bill jamás retomó sus estudios universitarios. En su lugar, fundó una de las empresas más importantes y poderosas de nuestro tiempo convirtiéndose en una especie de icono de la sociedad actual. Sin embargo, el Sr. Gates también comentó que, hace unos pocos años, su hijo fue invitado como orador principal en una ceremonia de graduación de la Universidad de Harvard, evento en el cual también se le otorgó un doctorado Honoris Causa. El Sr. Gates cuenta que, en aquella ocasión, durante el discurso de aceptación, su hijo hizo una pausa para mirarle y decir: 'Ya lo ves papá, no tenías nada de qué preocuparte, te dije que volvería a la escuela y obtendría un título'. Así que, a su manera, parece que Bill Gates III cumplió con lo prometido.
Pero más allá de estas anécdotas más o menos conocidas acerca de este famoso personaje, el Sr. Gates también habló de la labor altruista que desempeña en la Fundación Bill y Melinda Gates (la esposa del Bill Gates III), organización de la cual, el Sr. Gates es presidente. En esta organización, se promueven y financian programas de salud, educación y bienestar social para poblaciones de escasos recursos en muchas partes del mundo. La fundación opera con un presupuesto considerable y apoyo directo de autoridades locales, de acuerdo con el Sr. Gates. Entre el público asistente, no faltaron algunas voces críticas que preguntaron acerca del tipo de apoyos otorgados y sobre su impacto real. Definitivamente, la filantropía no es una labor fácil y nunca se puede estar exento de críticas. Sin embargo, no deja de ser interesante preguntarse acerca de las razones que llevan a hombres tan poderosos y ricos a la creación de fundaciones orientadas a promover el bienestar social. Más allá de los comentarios usuales acerca de las ventajas fiscales y el mejoramiento de la imagen pública, algunas personas reconocen que empieza a generarse un sentimiento legítimo de preocupación acerca del presente deterioro del medio ambiente y las condiciones de vida mucha gente marginada alrededor del mundo.
En este mismo tenor, pero días más tarde, tuve la oportunidad de asistir a una cena organizada con motivo de una conferencia sobre Sustentabilidad Social de las Empresas organizada por la London Chamber of Commerce. En ella, el orador principal, Karl Feilder, CEO de la empresa alemana DHL, presentó algunas de las ideas y los retos para el futuro en materia de protección ambiental por parte de la empresa que él representa. En su intervención, Karl Feilder insistía que para que un compromiso de sustentabilidad se realice al interior de las empresas hace falta convertirlo en oportunidad de negocio, traducirlo en dinero, porque al final: 'es el lenguaje que se habla en el mundo de los negocios'. En este sentido, Karl Feilder insistía que su trabajo era precisamente hacer que DHL sea una empresa amigable con el medio ambiente y que su reto fundamental era demostrar a los encargados de áreas financieras y de planeación que eso también puede representar importantes ventajas de negocio.
Sin embargo, y aquí hay algo interesante, si la motivación fundamental de Karl Feilder es también financiera, se podría asumir que su especialización en el área de la sustentabilidad es, digamos, tan sólo coyuntural, en el sentido de que cualquier otra oportunidad de negocio que fuera rentable le sería también atractiva. Pues bien, cuando alguno de los comensales le hizo este cuestionamiento, el Sr. Feilder tuvo que poner sobre la mesa algo más que motivaciones económicas y a partir de ese momento reconoció que lo hace también por sus hijos y por el bienestar del mundo que se les habrá de heredar. Al final, este hombre tuvo que reconocer que se dedica a la sustentabilidad porque su preocupación fundamental es el medio ambiente y el futuro de sus hijos. Sin embargo, siente que no hay más remedio que adaptarlo a la lógica de los negocios para hacerlo funcional. Al final de su conversación comentó: "Pocas cosas me llenan tanto de orgullo como escuchar a mi hijo pequeño decir que su padre se dedica a salvar el planeta..."
En fin, nombres famosos y caras desconocidas, pero parece que más allá del éxito económico y personal comienza a cobrar fuerza una preocupación cada vez más genuina por lograr un funcionamiento del mercado más transparente y responsable con el medio ambiente y con las personas. Ah, y por cierto, recuerde revisar bien el nombre del orador principal de aquella charla que le interesa tanto... se lo digo por experiencia.